viernes, 27 de mayo de 2011

viajedejavi. Etapa 3: Arizkun-Sunbilla

3ª Etapa. 28 de mayo de 2006. Domingo
Arizkun, Bozate, Elbete, Elizondo, Irurita, Arraioz, Oronoz-Mugairi, Narbarte, Legasa, Doneztebe (Santesteban), Sunbilla.
Me despierto sobre las 6:00h. Hago la bicicleta y voy recogiendo todo. Ya voy siendo experto en recoger el saco, y es la segunda vez que lo hago; en pocos minutos, queda perfecto. He salido a mear a la izquierda del frontón, sobre una huerta; abono hidrogenado. Hay pequeñas partículas de agua en el ambiente, pero son más de niebla espesa que de xiri-miri.
Caminando por el pueblo, me encuentro con Mikel con camiseta roja y CCCP, la hoz y el martillo; le "bacilo" y se "mosquea" y llega como intermediaria, para poner paz, Iranzu. Aunque están de gaupasa (pasando la noche en vela) y no demasiado sobrios, al preguntarles por un sitio para desayunar y contarles que voy a Santiago, me invitan a desayunar en la sociedad de Mikel. Descafeinado con leche y pan ¡qué bueno! Y luego hablamos de los Agotes y vamos dando un repaso a Sócrates, Grecia, Turquía, India…, de que hay que comer pescado, carne y grasas, que los cereales son una modernidad innecesaria… como veis, todo muy coherente, sobre todo el paso lógico de la India a la comida, fruto de la noche en vela. Me dan las señas, para mandarles la foto, cuando la revele, ante una pintada de la borroka: “Borroka da bide bakarra” (la lucha es el único camino).

 Iranzu me hablará de una playa en Vizcaya, la de Anzoras, que a ella le gusta mucho, pero que veré al pasar por allí, pero no bajaré. Cuando nos despedimos, son las 7:15h.



 En el porche de la iglesia escribo el diario. Pasa un señor y le pregunto. Va a misa de las 8:30h, pero no se celebra en la parroquia, sino en el convento de monjas; se trata del Monasterio de Santa María de los Ángeles (Ángeles, Geli, Àngels, serán nombres de mujeres significativas durante el periplo). Le acompaño a la iglesia y hablo con el cura para que me eche el sello en la credencial.


Éste me deriva hacia una monja que, como está a punto de comenzar la misa, me dice que se lo recuerde al terminar. Salgo a escribir otro rato y vuelvo a entrar a las 9:00h, acabando la ceremonia. Hay una zona de separación y delante están unas 17 monjas; a la que toca el armonium no la veo, pero luego comprobaré que está sin hábito y con pelo visto. En los bancos, tras de ellas, estamos 20, 11 varones y 9 mujeres. Termina la misa y se exhibe la forma en la custodia. La monja me sella la credencial de Virgen con niño y dos querubines y me regala dos postales, una con la fachada del monasterio y otra con el retablo (muy dorado y muy barroco), como podéis ver en las dos que os prersento.








Quisiera hacer una reflexión en relación con la credencial. Las alternativas para su sellado son amplias; de momento llevo la de Irun (donde cogí la credencial), la de St.Palais (del Musee de Basse-Navarre et de Saint-Jacques y que contiene l’étoile de Gibraltar), la St.Jean Pied de Port (del Accueil Saint Jacques, con el escudo de la ciudad y el santo peregrino), la de St.Etienne de Baïgorry (del bar Lissar), y esta ultima del monasterio de Arizkun. Hay que tener en cuenta que, no siendo especial devoto de la iglesia, más bien, un ateo militante, el propio sistema de demostrar al llegar a Compostela que se ha hecho el camino, exige el sellado de la credencial. Normalmente, el sistema establece que los sellos se obtengan en los albergues de peregrinos del camino, en mi caso en el Camino a Santiago por la costa, pero todavía no estoy en él, hasta mañana no llegaré a Irun. Casi siempre preferiré sello civil, pero, como en este caso, no haré ascos a sellos de establecimientos religiosos. Como ya veréis, también serán una oportunidad para jugar el juego, que ellos proponen. Comprobé al llegar a Santiago de Compostela, que mi credencial no les gustó mucho, sobre todo los sellos que puse después de Ribadeo, es decir, después de salir del camino oficial. A punto estuve de que no me la dieran (al menos la bonita, con mi nombre en latín), pero, sigamos el camino, que me estoy pasando mil pueblos. A las 9:45h parto hacia Bozate. Una pareja de ingleses van hacia Aldudes.



Cojo agua en Iturrizar (fuente vieja), muy fresquita y con un pote de aluminio para beber, recomendación de mis cuatro jóvenes amigos de Bozate. Están dando las 10:00h cuando paso por delante del letrero de carretera indicador de fin de Arizkun.


 Bajo al río y, debajo del puente, en la hondonada entre éste y las piedras, me desnudo, enjabono y aclaro con dos brazadas. ¡Como nuevo! ¡Gracias Baztan!




A las 10:30h entro en el patio de la casa de Cesáreo, el escultor, padre de Álvaro y de Víctor; ladra el perro, pero nadie da señales de vida. Me voy, pero volveré.
 A las 10:45h llego a Gorrienea Santxotena, la exposición de esculturas al aire libre, pero está cerrada. De fuera saco foto del auditorio y paso hacia el otro lado, donde está el cogollo de caseríos de Bozate.

 Hablo con una señora que prefiere no hablar de los agotes; ella lo es, pero tiene noticias contradictorias y, por tanto, prefiere que hable quien sabe; en ese sentido me dice que Cesáreo es uno de los que sabe. ¡A ver si, al regreso, lo encuentro en su casa! Doy la vuelta por arriba del pueblo; casi todas las casas están remozadas y cuidadas, aunque alguna no lo está. Bajo por la casa museo y, aunque ya han abierto la parte de abajo, no entro. Se me está haciendo tarde. En la segunda visita a Cesáreo, éste sigue sin aparecer. Hablo con su hermano, que está recostado en un banco, pero no se me presenta muy locuaz. Cuando salgo del pueblo leo: Mármoles Soule, exposición. ¿Habrá otra ocasión de conocer a los agotes? De momento me quedo con lo que sabía: que fueron ninguneados y vilipendiados por los dominantes, que eran muy buenos trabajando la madera y otras artesanías… y que hoy hay agotes que se sienten orgullosos de serlo. A las 11:35h, ya sin entrar en Arizkun, me dirijo hacia Elizondo. Llego más allá del cruce y mientras pasa la carrera ciclista (¿de Irurita?), veo señal de a 1 km. Arizkun; parece tomadura de pelo, pero es real, ya que lo estoy rodeando. Para compensar lo ingrato de esta carretera a Pamplona, como unas marrubis (fresas salvajes) y saco una foto panorámica de Elbete, pero creyendo que es Elizondo;

en realidad, sólo separa ambas localidades el Baztan. Cuando voy por carretera, me entretengo en recordar las letras de matrícula de vehículos más reciente y, me ejercito en buscar una palabra que contenga las tres letras. Acaba de pasar un DZT (no encuentro palabra).

 Saliendo de Elizondo, comienzo a notar fuertes pinchazos en la rodilla derecha, que me harán pensar en abandonar; que mi camino ha llegado a su fin. A las 13:30h el km.56 Oronoz-Mugairi está a 7km.





13:45h. Irurita. Llego al río Artesiaga. A las 14:15h me baño en una presa a 4-5km. de Mugairi.




A las 14:30h llego a la Casa Torre de Arraioz y saco dos fotos.



Nada más llegar a Mugairi pregunto a un chico que está segando hierba.







A las 15:50h ya bañado y comido (queso, pasas, almendras, ¿qué pasó con el tercer tomate?), sigo hacia Narbarte, donde llego a las 16:30h y saco foto a una arco de puerta con dovelas centrales deslizadas.






16:50h panorámica de Legasa desde la carretera, con lo que los árboles permiten ver, y un recuerdo de lo bien que nos lo pasamos en la casa que tenía la familia de Belén López de Maturana.
A las 17:30h, ya cerca de Donestebe, me doy otro baño en el Baztan. Hay algunos pescadores pescando en el río. Ya en Donestebe, en paseo sobre el río y después de la confluencia del que viene de Elgorriaga, me pongo a charlar con dos fumadores de porro, uno del pueblo y otro de Elgorriaga; me dirán que el Ezkurra y el Ezpelua (de Labaien y Urroz) confluyen en un lugar llamado Galbalaiarre y éste, a su vez, lo hace con el Bidasoa a la salida del pueblo, que es donde estamos. Charlamos de las personas con deficiencia mental, del balneario de Elgorriaga, que ahora están rehabilitando, de la fonda a la que íbamos hace 28 años, etc. Me recomiendan que, otra vez que venga por la zona, suba al Mendaur, un monte cercano y desde donde se ven unas vistas magníficas. La mayor altura, de la zona, que conozco es la ermita de Santa Leokadia, donde se prepara el zikiro (carne de oveja) en setiembre. Hacia las 18:30h salgo para Sunbilla, que está a unos 3km. Llegaré a las 19:15h. Como la iglesia está cerrada, pregunto a un grupo de jóvenes y me indican dónde está la casa parroquial. Allí el cura me echa el sello en la credencial de la parroquia de San Juan Bautista, con efigie del santo, y me autoriza para dormir bajo el porche de la iglesia. No le pido otra cosa, pero en mi fuero interno, confiaba en que me ofreciese un lugar más resguardado para dormir. Cierto es que es algo que forma parte de este viaje, en el que nunca se sabe cual es la alternativa mejor. Paradójicamente, al llegar a una playa en Rota (Cádiz) conoceré a un chico, cuasi-tocayo mío, que hará que, hoy en día, tenga cama para pernoctar en Sunbilla, si es necesario, en lo sucesivo. ¡Gracias Patxi! ¡Qué gracia me hizo cuando me dijo que era de Sunbilla! Tras este inciso, sigamos la narración del día. Los jóvenes me recomiendan el lado izquierdo de la iglesia. Lo tendré en cuenta; y me voy al Bustiz.
Buena cena en el Bustiz
Entro en el restaurante Bustiz. Tienen lentejas, pero el dueño no me las quiere ofrecer porque llevan ya hechas cuatro días; “¿las tienes en el frigo?”, pregunto; y como me dice que sí, le digo que me las saque; no todavía, ya que es pronto. También me ofrece un Bustiz que, luego me dirá, es carne guisada. Mientras llega la hora de cenar, en la barra me dirán que mañana no pase por el túnel si no llevo linterna, ya que hay socavones encharcados del agua que filtra del techo; que ande 5km, deje el puente azul, coja el colgante siguiente y que ande 3km y vuelva a la vía inicial. Dicen que a Bera hay menos de 18km. Ya me da pena, ya que la vía verde que quedó al quitar los raíles del Tren Txikito (que unía Irun con Elizondo), y que, teóricamente, debía estar practicable entre Donestebe y Endarlatza, me apetecía mucho frente a la alternativa de una carretera de Navarra (la 121), tan peligrosa y por la que tanto peleamos para su mejora. Todo esto lo estoy escribiendo en la mesa del comedor; la chica me trae agua y, sobre las 20:45h me sacan la cena. Las lentejas están buenísimas, con el añadido extra de chistorra del Baztan, y me permiten repetir. También el Bustiz (que es el nombre del bar) es una carne guisada exquisita, yo diría que de zancarrón, y acompañada de una salsa muy casera de patata, zanahoria, pimiento picadito, especias aunque sin nuez moscada. Me cobra 8€ y le doy 2€ de propina. Me guardan la mochila y me doy una vuelta;



elijo un lugar para dibujar y será mi primer dibujo del camino; el material es malo y cometo muchos errores de ubicación y de perspectiva, pero por algo había que empezar. Va cayendo el día y me vuelvo helado de frío y en el Bustiz sigo escribiendo. A la chica le encanta el dibujo. Cojo la mochila y me voy bajo el porche de la iglesia. Son las 22:00h. No hay nada de jaleo, pero el suelo vuelve a resultar duro. Oigo las campanadas del reloj de la torre, las 11, las 12; no oiré las de las 6 de la mañana. Lo más importante del día está siendo la tendinitis, que me está cuestionando la continuidad del camino; y la fuerza de voluntad de seguir, con la esperanza de la talasoterapia.

Para recordar: Si bien el lugar para dormir no ha sido idóneo, la buena atención en el Bustiz lo han compensado. El primer dibujo en Sunbilla y la charleta con los jóvenes en Donestebe (Santesteban).

viajedejavi. Etapa 4: Sunbilla-Irun

4ª Etapa. 29 de mayo de 2006. Lunes.
Sunbilla, Bera de Bidasoa, Endarlatza, Irun.

El tránsito intestinal va bien: suficiente y consistente. Resulta algo escatológico, pero qué importante es para el bienestar del caminante. Todo el día pendiente de uno mismo, de cualquier cambio físico, cualquier dolor ¡qué obsesionante! Pero es muy importante que todo funcione a la perfección para caminar bien. Ayer, al salir de Elizondo, la rodilla me daba pinchazos, que me hicieron pensar en que tendría que abandonar. Hoy me cuesta arrancar y vuelvo a tener problemas en la parte intermedia y al finalizar el día, pero sigo adelante. Estoy suspirando por llegar a Zelai, la talasoterapia de Zumaia. Sigo las instrucciones de ayer. Un  pescador que está buscando lombrices para cebo, está encantado con la costumbre de dejar las hojas recogidas en un montón, sobre la tierra; así las lombrices se concentran. Me levanto del porche de la iglesia de Sunbilla a las 6:30h, recojo todo y para las 6:45h, ya estoy en marcha. Pasada media hora aparece el puente azul que me indicaron. A las 7:30h, llego a la cascada de la izquierda, que conocí en un paseo que di con mis amigos Arantza y Martín, al poco de separarme, en cinco etapas, por el Tren Txikito, entre Endarlatza y Elizondo. Esta cascada sería un lugar ideal para asearme, pero es tan temprano, está tan escondida y en un paraje tan umbrío, que no me animo a desnudarme. Otra vez será. Las ranas croan.


Llego al puente colgante, que está muy bien conservado, abandono el trazado de la vía verde del Tren Txikito, y paso al otro lado del río Bidasoa. La carretera vieja está vacía. Un conductor aparca el coche y sale a andar. Le grito y se acerca a mi llamada. Me dirá que tengo que cruzar la carretera nueva y seguir por la vieja. ¡Ha sido providencial encontrármelo! A las 8:15h, aparecen los cortadores de hierba y matorral próximos a los arcenes, uno delante y otro detrás, con el cartel flecha-stop para girarlo a conveniencia. Como no hay apenas circulación, dos trabajan y dos no hacen nada. Finalmente, aparecerá un coche con maderas.





 A continuación, no me quedará más remedio que hacer dos kilómetros por la carretera nueva que, en realidad, es la vieja con nuevo firme; ahora ya, hay una circulación increíble, con muchos camiones, lo podréis ver en la siguiente  foto. Es bastante peligroso, con poco arcén y, como alternativa, tirarme al río; en algún tramo, al pasar un camión, me aferro al pretil. Estoy suspirando por que llegue el puente para pasar al otro lado.


 Pasa la Burundesa y el chofer, que me reconoce, me saluda y toca el claxon. A las 9:00h, llego al puente de la central de Ventas de Yanci (Igantzi) y me viene un recuerdo de mi padre que me hace llorar, por todo lo que nos quitaron cuando era niño y que, más tarde, hizo que no fuera fácil nuestra comunicación.
Llego a una parte del camino que está llena de troncos, creo que pertenece a Igantzi, y empieza a caer un xiri-miri muy ligero, casi agradable. Después de Bera, arreciará, pero no me voy a adelantar. Un municipal me ofrece llevarme en su coche hasta el cruce de Lesaka; agradezco y rechazo; me dice que le gustaría hacer el Camino. Se va. Todavía en Bentak, a las 9:25h me encuentro con una pareja que va de amarillo: “Día ideal para andar”, me dirán. Luego me los encontraré de nuevo con otra pareja. Son de Bera y me dicen que me faltan 8 o 10 km. para llegar y, como les he preguntado, me dicen que primero vaya al Ayuntamiento (Udaletxea) y después a la residencia de ancianos, donde quiero visitar a una tía, Milagros, prima de mi padre. El municipal, que era de Lesaka, regresa justo en el momento en que llego al cruce de su pueblo. Sigo andando, sin problemas, y llego a Bera de Bidasoa.


Primero os presento el último túnel, reminiscencia del tren Txikito, ya próximo a Bera de Bidasoa y, como veis, iluminado con luz artificial.


Pregunto a un matrimonio y ella me manda por el puente de San Miguel, pero él me indica que vaya por otro sitio; esta segunda orientación, me parece más razonable; me asomo al primer puente, desde allí saco foto al puente de San Miguel, y sigo el camino indicado.




Llego al Ayuntamiento y allí me encuentro con Arantza, de Viajes Eroski, y con la que charlo un rato. Cuando no estaba jubilado y tras los años de zozobra tras la separación, acudí a Viajes Eroski para contratar mis viajes organizados. Así fui a Marruecos, Italia, Grecia, Noruega (Cabo Norte) y Dubrownik. Desde que dejé de trabajar y descubrir que se puede viajar caminando, ya he perdido interés por ese otro tipo de viaje más convencional y sólo voy a Eroski para contratar mis viajes con el Imserso, siempre muy bien atendido por Arantza, Gemma, Ana, y demás. En el Ayuntamiento, me sellan la credencial (Berako Udala), la última de Nafarroa, y en el Juzgado me dan copia textual del acta de nacimiento de mi padre; por ella me entero de que mi aita debiera haber nacido en Irun, que es donde mis abuelos estaban domiciliados pero que, por conveniencia de mi abuela y porque estaría mejor atendida en Bera, habían ido allí accidentalmente, para dar a luz su segundo varón; luego serían hasta diez, más una niña que murió pronto. Se presenta en el Registro civil el abuelo de mi padre, y por él, también me entero de mi noveno apellido, Arozamena que, como mis ocho anteriores, también es vasco. ¡Qué dos informaciones más curiosas! Una, la del apellido, para facilitar el abordaje de un árbol genealógico más completo que el que hice hace ya tiempo y la de mi ascendiente irunés que, aunque nunca tendré ITV (Irunés de Toda la Vida), puede ayudar a involucrarme más en la mejora de esta ciudad donde vivo.
También me servirá para alguna otra curiosidad a lo largo del camino, sobre todo cuando me preguntan si soy vasco. Explico que nací en Navarra y que una parte de Navarra es más vasca que muchas zonas alavesas y algunas vizcaínas, mientras que otra parte no lo es; que a pesar de mis nueve primeros apellidos vascos, y el interés que puse en aprenderlo, no sé euskera y si no sé euskera, no soy euskaldun, el que posee la lengua vasca, y es la lengua la que define al vasco; que mis hijas, teniendo la mitad de apellidos vascos que yo, sí saben euskera, son euskaldun berriak (vascos nuevos) y mis cuatro nietos, con las tres cuartas partes de apellidos vascos, son bilingües, hablan los dos idiomas oficiales de la comunidad vasca (cuando el pequeño, de dos años, deje de balbucear) y, por tanto, serán euskaldun zaharrak (vascos viejos); resulta hasta divertido que los peques sean viejos, los padres, nuevos ¿y el abuelo?, ni siquiera sea. Bueno, continuemos con el viaje. Cuando salgo del edificio del Ayuntamiento, pregunto cómo ir a la residencia de ancianos. Allí pregunto por mi tía segunda Milagros; lleva poco tiempo en la residencia y todavía está en período de adaptación. Está bien y no tiene ninguna queja, sino al contrario, la tratan bien, pero echa en falta su casa, el mirador… La encuentro muy bien y positiva, con aceptación de lo moderno: en lo que se refiere a separaciones, parejas de hecho, etc. Se apena de la muerte de mi madre. Es un cielo de mujer, con su cadencia de voz muy pausada. Al comentarle el paseo que di ayer, me dice que el tío José (cura y hermano de mi abuelo paterno) fue párroco de Elvetea (Elbete) y Arizkun; y que los dos hermanos más amigos, su padre y el tío Ildefonso (el que vivía en Oiartzun), también hermanos de mi abuelo, iban andando desde Bera hasta Hondarribia, visitaban a otro de los hermanos que vivía allí, jugaban un partido de pelota con él, y se volvían andando a Bera en el día. Así que la conclusión que saco es que mi andadura será una “hazaña” menor. Me ha enseñado su habitación con baño compartido y sobre las 12:30h, cojo agua y me despido. Al salir de Bera de Bidasoa me indican que coja el puente de San Miguel para llevar a la vía verde del Tren Txikito y, por segunda vez en el día y, esta vez sin querer, me lo dejaré pasar y paso por el mismo de hace unas horas. Una señora me dirá que lo más interesante que hay en ese puente, es una pata que está incubando. No la veré. Cojo mal el camino, pero pronto, dos mujeres, ¿madre e hija?, me indicarán un camino que cruza y así el error no me obliga a desandar todo. Los dos túneles siguientes tienen electricidad, pero el tercero, que está en curva, no la tiene y me costará atravesarlo. Después de salir de Bera, me he dado cuenta de que no he desayunado. Ha sido un despiste. Me encuentro con madre e hijo y quiero asegurarme de que voy por buen camino. Total que nos ponemos a hablar y resulta que eran antiguos vecinos de mi tía Milagros y que “la visitan a menudo”, me dicen. ¡Qué casualidad! Ya comentarán el encuentro con ella. Luego llegaré a una presa a la que se accede por una escalera. Allí comeré al sol y me tumbaré un rato ¡qué bien se está al solete! Y, sin más, llegaré a Endarlatza.
Se acaba Navarra. Intento continuar, pero todavía faltan unos años para que la vía verde llegue a Irun, así que no me queda más remedio que salir, de nuevo, a la 121 que, de nuevo, trae un tráfico intenso ¡Qué tensión! Menos mal que los conductores de vehículos grandes, en cuanto me ven, encienden intermitente izquierdo y se alejan del arcén. Lo malo es cuando viene otro camión de frente. El trabajo se lo tiene que tomar el caminante, así que cada vez que aparece a lo lejos alguno de estos monstruos de la carretera, miro hacia atrás y actúo en consecuencia. ¡Cinco kilómetros de infierno! Descanso enfrente de Biriatu. Último adiós a Iparralde (Francia). Behobia me recibe con lluvia y pido ayuda a un extranjero para que me eche por encima el impermeable que me dio mi yerno, Mikel, cubriéndome la mochila. Veo al marroquí que conocí en EPA y que trabaja en Behobia (barrio de Irun).




Cuando llego a la parroquia del Junkal, me asomo al interior y me ve Leire, compañera de trabajo de mi hija, desde arriba del andamio. Están restaurando los retablos del altar de San José y del Cristo crucificado. Hace una exclamación y le hago un gesto para que no diga nada a mi hija.



Cuando terminan el trabajo veré a mi hija Vera, que piensa que he abandonado. Le cuento, a grandes rasgos, lo hecho estos cuatro días. Mientras esperaba a que saliera de trabajar, he dibujado una de las farolas de la plaza y, ahora, le acompaño al topo (tren de vía estrecha que une Irun con Donostia-San Sebastián y enlaza con Lasarte-Oria y con la ruta hacia Bilbao).


 Tras despedirme de ella, voy a sellar la credencial al albergue de Irun. Casualmente, está de hospitalera mi amiga Amparo Blanco, quien me echará el sello y me la firmará (es la primera firma y, con el paso del tiempo, está desapareciendo), charlo un rato con ella de mis primeras experiencias de caminante (sólo son cuatro días), escribo en el libro del albergue, pero no me quedo a pernoctar allí; Amparo me ha dado la idea de salir mañana por Olaberria, pues quiero pasar por el taller donde trabajé los últimos años; olvidaré intencionadamente que el camino señalado va por Jaizkibel. Así que me voy hacia casa, me paro en la tienda de ropa Sucre y hablo un rato con Juan y, después, con Gerardo García fotógrafo afamado de la AFI y compañero en lides de cultura en el Foro Ciudadano Irunés, y antes de llegar a mi casa, con su hermana. También he visto por la calle a Mari Carmen, la mujer de Pako Sagues. Encuentro en el buzón carta de mi amiga Maxi Magriñá, con sellos de correo usados, que de vez en cuando me manda para mi colección, y me da la buena noticia de que su hijo Dani va bien (pero tiene una enfermedad incurable y no pasaría mucho tiempo en que sus cenizas surfearan por la Zurriola, sobre cuyas olas tanto disfrutó). Visito a mis vecinos y amigos del 6º. Ya en mi apartamento, coso alguna ropa, dejo el pantalón largo (ya sé que no lo voy a usar), dejo algunos papeles que ya he utilizado, alguno que ya no me hará falta y cojo alguna información que había dejado adrede para cogerla ahora. Se van perfilando las dos etapas próximas. Voy algo acelerado, por el deseo de llegar cuanto antes a la talasoterapia de Zumaia, para curarme la tendinitis de la rodilla derecha. ¡Qué gran regalo me hicieron en la despedida mis compañeros de trabajo: Un relax gastronómico en Zelai! Y qué gran acierto tuve en reservarlo para este camino especial a Santiago, que estoy haciendo; ¡ni que hubiera intuido que lo iba a necesitar! Una vez pasado Zumaia espero ir más parsimonioso.  Dedico un rato a escribir el diario. Llamo a mi otra hija, Sara y, aunque me gustaría verle mañana, va a ser muy difícil que lo consiga. Después de un corto baño-masaje y de cenar un bote de garbanzos, me acuesto como acostumbro, en mi cama, y así, por una noche, no suelto el saco de dormir. Me he puesto el despertador y sueño y duermo como un lirón; de tirón.

Como balance del día se puede decir que lo más interesante ha sido la visita a Bera de Bidasoa: mis ancestros y mi tía; y la tendinitis que me está permitiendo seguir andando. Ver a mi hija también me ha hecho mucha ilusión y a Amparo.
Esta es la lista de albergues del Camino de Santiago que me dieron en Irun y que fui utilizando a lo largo de mi camino. Los utilizados, los he subrayado en verde.

viajedejavi. Etapa 5: Irun-Orio

5ª Etapa. 30 de mayo de 2006. Martes.
Irun, Oiartzun, Errenteria, Donostia-San Sebastián, Orio (por Igeldo).

Como ya estoy en la costa, os presento mi lista de playas nudistas para todo el viaje norteño.










El despertador me suena a las 6:00h, y para las 6:15h ya estoy en la calle, tras un desayuno frugal. Bajo bolsa de papel y otra de envases para reciclar. Paso por la galería de arte Kokoschka: ninguno de los tres cuadros del escaparate están ni adquiridos ni reservados ¡A ver si empieza a moverse el mercado! Fotografío una de las señales de latón, indicadoras del Camino de Santiago en la ciudad, y que fueron sustituidas.

 Queda esta foto para el recuerdo.



A las 7:00h llego al lugar donde comenzamos el Railly fotográfico de Olaberria, en aquellos primeros tiempos en que la plataforma que se creó para la protección del valle, y los vecinos más afectados y sensibilizados, hicieron propuestas para ponerlo en valor. No voy nada bien con el calzado que me he puesto. Me aseguraron que iba a llover y me he puesto las deportivas y, con el pie encerrado voy fatal.


A las 7:30h llego a la curva que gira hacia Ventas, así que abandono la carretera y me dirijo hacia Gurutze, donde llegaré hacia las 8:00h.
A las 8:25h estaré en Elizalde y sacaré una foto de la plaza, con el Ayuntamiento de Oiartzun, el frontón y la Iglesia de San Esteban, en cuya restauración, Vera también tuvo alguna intervención y sus compañeros de trabajoí; aunque creo que fue coincidente con el periodo de gestación de su primer hijo, Gari, mi tercer nieto. Al pasar por la plaza, hay cola con clientes de la Caja Laboral que están esperando a que abran. El dueño del restaurante del polígono de Ugaldetxo, donde trabaja mi amiga Mertxe, de Ponferrada, ha dejado a sus niños en el bus de la ikastola y va al trabajo, así que tendré compañía y conversación hasta allí. A las 9:00h, estaré en Txiki-erdi. Al llegar a Zamalbide me asaltan las dudas, pues hay una señal que indica 2 Rentería 2, es decir, que a Errenteria hay dos kilómetros, vayas por una dirección o por la contraria ¿Y cuál es la que me llevará a los pabellones industriales de Masti-Loidi?; en la zona de casas no hay nadie fuera para preguntar; sólo perros ladradores. Me cabreo y grito, pero no sale nadie. Vuelvo a la carretera y paro a un coche que no me puede decir nada, pero el chofer de la camioneta que para detrás, conoce bien el lugar, y me da la mejor solución posible: bajar por los pabellones, pasar rotonda pequeña, luego rotonda grande y coger un camino que está cortado para los coches, pero perfectamente terminado, que me llevará a Gureak. Iñaki Azpeitia me invita a un capuchino descafeinado y como pastas del cumpleaños de Ascensión Naveiro; José Mari Gezala me sella y firma la credencial (2ª firma y no será la última); Tiburcio Alzualde, el jefe, ha tenido que ir a una reunión y no le podré saludar. Saludo al resto, Carmen Díaz, Josune Berzosa, Mikel Zabaleta. Javi Aldaz ha cubierto mi plaza. Traen minibocatas de tortilla. Me pesan la mochila (8,076 kg.) y la mochilita (1,570 kg.), así que no llega a diez kilos, pero habría que añadir el peso de la ropa que llevo puesta, así que sería kilo y medio más. Por tanto, cuando digo que iba con 10 o 12 kg., no digo algo inexacto. Menos mal que hoy, una vez consumido lo que compré en St.Etienne, ya no llevo ninguna bolsa adicional. ¡A ver si en el futuro las consigo evitar!
 Antes de marcharme, me saco una foto con los otros encargados: Mikel Zabaleta y Javi Aldaz, que es el que llegó para sustituirme, y con Iñaki Azpeitia y dos de los operarios a los que tuve al cargo de la limpieza y el comedor: Noemí Conde e Iker. Antes mis compañeros se han esmerado en darme medicinas para acción subcutánea en la rodilla y, aparentemente, parece que se alivia, cuando salgo de allí a las 11:10h, pero pronto me daré cuenta que el milagro no se ha producido y, para colmo, hoy volveré a andar más de lo que fuera  aconsejable. Al salir, Mikel me recomienda seguir a San Marcos por Txirrita-Maleo, ¡qué acierto! Lo malo son los camiones de la escombrera. ¡Cuándo se hará la incineradora! Ahora, cuando lo leo en mi diario, después de tanto tiempo, me pongo a reflexionar en todo lo que ha ocurrido desde entonces. En aquellas fechas, a pesar de la oposición de sectores interesados en demostrar la insanía de las incineradoras, algunos con intereses espurios, que no hubieran movido un dedo si la instalación hubiera ido a un lugar más alejado de sus viviendas, yo creía que se llevaría a término. El municipio se había gastado un pastón en el proyecto, en terreno de Hondarribia, en beneficio también de Hendaia, a la que se le alejaban los riesgos de polución de gases y humos, una incineradora local, para cubrir las necesidades locales y con la mentalidad de no mandar más porquería a San Marcos, en el municipio de Errenteria, y ¡que cada cual se coma su propia mierda!  Luego llegó el proyecto de una macroincineradora para toda la provincia, que echó al traste el proyecto local que, de llevarse a cabo, creará un trasiego de camiones de basura que aumentará los niveles de contaminación que se querían evitar. En el momento en que escribo se ha producido el maremoto del Japón y el consiguiente peligro de contaminación por la destrucción de la planta de energía nuclear. ¿Qué consecuencias tendrá para el futuro?, ¿qué medidas se tomarán de cara a la sostenibilidad del planeta? Habrá que dar tiempo al tiempo. He hecho una llamada perdida a mi hermana Sagrario y me responde enseguida y me pilla en la carretera, con todo el ruido de camiones. El spray que me habían echado en la rodilla iba muy bien, pero va perdiendo efecto calmante. ¡Pensaba que iba a ser más milagroso! A las 11:50h llego al cruce de San Marcos y me dirijo a Lau Aizeta (Cuatro Vientos) y a las 13:00h llego a casa de mis amigos de Egia. Sólo está Arantza, pues Martín ha ido a Eibar, para sellar con Dani la tarjeta del paro. Me prepara una sopa de fideos de arroz con chorizo que me sabe a gloria, pero estoy muy cansado. He bebido vino y comiso un plátano y va a dejar la piel a la vista para que pregunte Martín al regreso. El vino me ha dado somnolencia y me echo un poco en el sofá. Salgo a las 14:30h. Le dejo una nota a Maite De Diego en el estanco de Duque de Mandas, enganchada en un gozne de la persiana metálica: ahora no recuerdo el texto, pero tendrá respuesta. A las 15:00h dejo el libro de Djuna Barnes en el Koldo Mitxelena, sin leer, claro; creo que justo acabé el primer capítulo. Me servirá de experiencia para los viajes de los próximos años. Leeré El bosque de la noche a mi regreso a primeros de agosto. Lo tenemos para el taller de Libro-forum de octubre en la Biblioteca municipal Ikustalaia de Irun. Me habría encantado darme un baño en la Zurriola, con mis amigos nudistas, pero no tiene sentido quedarme en Donostia a pasar la noche.
Para los amigos de hacer nudismo y como he dicho en el prólogo, os diré que mis playas preferidas son la de Hendaia, donde, al final, hacia las gemelas (dos islotes que en marea baja pueden quedar unidos al continente rocoso), hay una zona tolerada. No es oficial, pero tras mucho pelear, muchos nudistas, la mayoría de este lado de la frontera, consiguieron que no fueran perseguidos por los que se les llena la boca con su “liberté”. Allí, se pasea desnudo, se juega a pala, van familias con niños y se forma un buen ambiente entre los asiduos. Para mí, lo peor, estriba en que el final de la playa de Hendaia se convierte en un gueto nudista y yo soy más partidario de playas mixtas en las que cada cual practique su opción, con respeto a la opción del otro y en la que un matrimonio mixto (nudista y textil) no tenga que estar separado. En cuanto a la otra playa, la de la Zurriola, debo decir que es una playa urbana, pues está en la propia ciudad de Donostia-San Sebastián, junto al Kursaal del arquitecto Moneo, sede del Zinemaldia, Festival de Cine. Es una playa mixta, en la que conviven las dos opciones, pero a la que se animan pocos nudistas. Hay muchos nudistas donostiarras que, yendo a Hendaia, no se les ocurrirá jamás ir a la Zurriola. Hay también nudistas que en Hendaia se desnudan y en la Zurriola no se desprenden del bañador. Yo soy feliz allí; charlo, leo, paseo, me baño, tomo el sol, tengo amigos (más nudistas que textiles) y cuando más disfruto es cuando voy con mis nietos y todos andamos como vinimos al mundo. Es ideal para ir con los niños, especialmente en marea baja. Los castillos en la arena; la barca de arena orientada al mar, cuando empieza a subir la marea, es ideal para el juego de construcción que luego destruye las olas, y cogiendo quisquillas en las rocas cúbicas del espigón. Yo cuando más la disfruto es en el Festival de Cine, ya que me permite, entre peli y peli, darme un chapuzón y tomar el sol. Si no tienes prejuicios y no temes que te pueda ver tu jefe o tu vecina, te la recomiendo. Hay otra opción, la de la Isla de Santa Clara. En junio de 2003 se hizo una experiencia en la que participé, para que fuera declarada nudista. La organizó mi amigo José Mari Cristóbal (al que os presentaré cuando me lo encuentre con su mujer y su hijo en Estepona). Fuimos un grupo de unas sesenta personas y pasamos muy bien el día, no sólo en la playa, sino que luego comimos también desnudos en las zonas acondicionadas para comer entre la arboleda. No lo puedo asegurar, pero creo que la experiencia no cuajó. Tiene el inconveniente de que hay que ir en barca; si no tienes propia o alquilada, tienes que ajustarte a los horarios del servicio oficial; también son una pega los cambios que puedan afectar a la climatología a lo largo del día. Yo no he vuelto, así que no tengo mucho más que decir. La playita es pequeña y en marea alta prácticamente desaparece; pero aún queda la opción rocas. Tuvimos suerte y nos libramos del chapapote que llegó de Galicia. Infórmate por si acaso quisieras ir.
Y continúo por el paseo de la Concha. Al llegar al pico del loro, tras pasar el túnel, doblo hacia el mar subiendo unas pocas escaleras y yendo hacia abajo me dirijo a la escultura que hizo Txillida en homenaje a su amigo Ruiz-Balerdi.


 Es una escultura pequeñita y escondida, pero a mí me emociona: es un abrazo entre amigos y no me resisto a fotografiarla. Intento hacerlo yo solo, pero no tengo certeza de que haya salido bien, así que pido colaboración a un pescador y, aunque tapo Igeldo, me saca abrazando al abrazo. Ahora somos tres los amigos. A las 15:30h, inicio la ascensión a Igeldo en Marbil y a las 15:55h, llego donde solíamos dejar a Erika, en Leku-eder. El camino está perfectamente indicado, salvo en un punto en que han hecho otro de piedra arenisca nuevo y en que la señal anterior no está nada clara. Hay un puesto de agua, en el que escribo entre 16:15 y 16:25h, donde indica que hay otro a hora y diez minutos, aunque yo tardaré diez minutos más. A las 16:45h, veo suelto un negro macho cabrío y aviso al que atiende la vaquería. Va donde él, pero no hace nada. A las 17:25h, dejo la pequeña carretera e inicio por un sendero. Desde allí, ya iré renqueando y llegaré desfallecido a la casa de Rosa, en la entrada de Orio, que será mi albergue por esta noche. Pero no nos adelantemos, que aún no he llegado. Bajando la calzada Nagusia, me adelanta Legorburu, un exjugador del Real Unión; me ve tan mal, que le creo un dilema: o me atiende, sin saber realmente qué hacer conmigo, porque acompañarme no sirve de mucho y llevarme, aunque es un tiarrón, tampoco podrá, ¿llevarme la mochila?; si se para, perderá el tren de las 20:00h, que espera coger en la estación de Euskotren de Orio. El programa de paseo que suele hacer es el de venir andando desde Donostia y volver en el tren. No es mal plan; lo podría hacer yo algún día, pienso; pero, a día de hoy, tras pasar cinco años, nunca lo he hecho. Volvamos con Legorburu. Después de apiadarse de mí, le convenzo diciéndole que llegaré, como sea, al albergue. Así que se va, más tranquilo, a su tren. Espero que llegue a tiempo y que no lo pierda por mi culpa. Cuando entro al albergue de Rosa y ella me ve llegar, ya  ha dado de cenar a los peregrinos del día (dos franceses, una alemana y un alemán, que volverá más tarde), pero me dice que descargue las mochilas, me asee y descanse un poco, que luego ella va a cenar con unos amigos y que cenaré con ellos. Además de los extranjeros, están también una pareja de Madrid, ella catalana, Antonio y Chon, Juan Mari y una cuadrilla de amigos que el viernes se agruparán para iniciar, todos juntos, el camino en Gernika. Los pies los tengo mejor de lo que pensaba. La ducha masaje ha sido muy gratificante; estoy bien y relajado (ya sin peso y sin cargar la rodilla). Lola se maravilla de que no dé nada de vaselina a los pies (la verdad es que, hasta no llegar a Barrika, no cogeré el hábito de darme aloe-vera). Me invitan a un vino previo a la cena. Cenamos una ensalada muy completa, que entra muy bien y filetes de cerdo en salsa, buenos, aunque alguno quedó medio crudo, pero la salsa está riquísima. De postre, pastelitos, ¡qué ricos! Después de la paliza del día, mi estómago está agradecido. Lola y José Mari no son novios, aunque lo parecen, porque se quieren mucho, como amigos. Javier está haciendo un curso de Cata de Vino, con maridaje, similar al que yo hice y ¡oh, casualidad! Con el mismo profesor, Guillermo. Escribo una postal a nuestro profesor común y se la entregará él. Al día siguiente, Rosa me dirá que Javier está en horas bajas, porque se acaba de separar y todavía está en período de adaptación. ¡Qué pena no haberlo sabido ayer! Podía haberle aportado algo desde mi experiencia. También para mí fue muy duro. Después de la cena, cantamos, nos reímos, contamos anécdotas de nuestros caminos. A Pilar le encantaría participar en mi grupo de Lectura dramatizada que dirige Ana Pérez en la Biblioteca de Irun. Está agresiva y fastidiada porque, ahora que está a punto de cumplir los sesenta, el contrato de relevo lo van a aplazar hasta los 61 años. Yo no creo que sea así, y le recomiendo que se informe bien en los sindicatos. Javi ayuda a Rosa a recoger los platos y a fregar. Antes le había ayudado a poner la mesa, mientras Juan Mari colaboraba en la cocina. Para finalizar la cena, me han obsequiado con un chupito de orujo. ¡Estaba buenísimo! Olvidaba contar que, mientras cenábamos, ha llegado el alemán, del que había comentado que se iba y volvería. Me lo cuenta Rosa. ¡Es un culebrón! Este alemán conoció en el camino a otra compatriota 14 años mayor que él; parece que hubo atracción mutua, pero que el muchacho no acaba de decidirse. Por lo que parece, ella busca un bebé y él una mamá que le cuide las heridas y le mime. ¡Mal pronóstico tiene! Parece ser que anteayer le dio ella el ultimátum y él no reaccionó; así que ella siguió camino, pensando que él le seguiría, pero no ocurrió así, por lo cual, la alemana le llama a Rosa para que haga de intermediaria. Aunque enfadados y separados, parece que mañana se verán en Deba, pero Rosa no se fía de que acierten con el lugar de reencuentro. Es probable que mañana Lola lleve al alemán hasta Deba, si no hay nada en contra por parte de él. De todas formas, Lola se lo está pensando. Al final no sabe lo que hará. Antes de que se fuera por la tarde, he visto las llagas y ampollas de sus pies. Me dice Rosa que puede estar un par de horas contemplándoselos y curándolos; yo creo que es debido a que se anda mucho y aunque las botas sean buenas, de buen cuero, el pie no respira, se recuece dentro y surge lo que surge. Mañana volveré a las sandalias y ya sin calcetines, definitivamente.  Como decía, cuando llega, tarde, ya estamos terminando de cenar. Rosa le pregunta si quiere comer algo, pero dice que no; la carne no la va a comer porque es vegetariano. Al final acepta el ofrecimiento de Rosa y le hace una ensalada y una tortilla y algún pastel que repite. Le digo que los pasteles tienen grasa de cerdo, pero el vegetariano no se inmuta (parece que lo es de conveniencias). Mientras el alemán cena y nosotros charlamos, Pilar, con su forma agresiva de hablar, le mosquea, sobre todo cuando se da cuenta de que estamos hablando de él. Yo hablo con el alemán un poco en francés y Antonio lo hará en inglés. Bueno, acabada la cena, defecaré y me quedaré como nuevo. A las 23:30h nos vamos a dormir. Los amigos se han ido antes. Al meterme en el saco y querer cerrarlo, me doy cuenta de que se me ha salido la guía de la cremallera y no acierto a engancharlo y, por no encender la luz para no molestar a los durmientes, dormiré con él abierto; sin problemas, porque la temperatura es alta y estamos bajo techo. El mayor problema lo tengo con la almohada (debiera haberla probado antes); es demasiado alta y hasta que decido ponerla a los pies, para tenerlos en alto, y me haga una almohada más baja con mis ropas, no dormiré. Durante la noche, me levanto una vez y hago de vientre; esta vez con menos consistencia. Estoy guapísimo con el pareo; menos mal que está oscuro.
Como resumen del día: Bonito el paseo matinal por el valle de Olaberria y mejor lo bien recibido, mimado y curado por mis compañeros de trabajo. También me ha venido bien la sopita de mi amiga Arantza. Un gran palizón para mi tendinitis bien reconfortado por Rosa en Orio.

viajedejavi. Etapa 6: Zarautz-Zumaia

6ª Etapa. 31 de mayo de 2006. Miércoles.
Orio, Zarautz, Getaria, Askizu, Zumaia.

Para no cargar más la rodilla, hoy me planteo día tranquilo y con idea de pernoctar en el albergue de Askizu, pasada Getaria, pero la dinámica del camino decidirá otra cosa y acabaré durmiendo junto al cementerio de Arritokietako Andra Maria, en Zumaia.
He dormido bien y me he despertado más tarde que días anteriores. A las 7:00 empieza a notarse movimiento en el amplio dormitorio. Me levanto, hago un lavado de gato y recojo algo de mi equipaje. Ayer lavé la camiseta y los calcetines y los dejé colgados secándose. Ahora la camiseta la meto dentro para que se termine de secar, pero los calcetines están muy húmedos y los dejo tendidos en el exterior; después, cuando salga caminando, los colocaré enganchados a la esterilla para que se vayan secando sobre la marcha. Desayuno café con leche, pan tostado, mantequilla, mermelada y una especie de dulce de membrillo, pero hecho con manzana por la propia Rosa, que está riquísimo. Ahora, observando el sello en la credencial, veo que el albergue se llama San Martín, y así aparece en la lista de Refugios, albergues juveniles y Campings del Camino del Norte que me dieron, en el Albergue de Irun, cuando recogí la credencial. Allí ya lo señala como particular. Después del desayuno, ayudo a Rosa a recoger y limpiar las mesas. Pago 20€ por todo, cena, cama y desayuno y a las 8:45h se van todos: Chon, Antonio y Juan Mari y, más tarde, los dos alemanes, que parecen compenetrados y dejarán en la estacada a la que les espera en Deba. Finalmente, ni Lola ni Rosa, tendrán que llevarlo en coche. Como no tengo prisa, pues preveo día tranquilo y me gustaría quedarme bañándome y tomando el sol en la parte nudista de la playa de Zarautz, me quedo dibujando el caserío, en cuyo bajo he dormido y que en su parte superior funciona como vivienda ¿familiar?
Sobre la puerta de arco de medio punto, hay una gran balconada, en el segundo piso se alternan balcones y ventanas y en el tercero una pequeña terraza abalconada con un interior que se vislumbra abuardillado, pero que no lo puedo asegurar. El dibujo lo hago en un trozo de papel de forma irregular y con grafito y tiene muchos fallos de medidas y perspectiva, pero me sirve para el recuerdo. Tras el dibujo, me concentro en el diario: hay mucho de ayer para contar. Me voy quedando solo, pues Rosa, su hermana y una vecina se van a tomar un café. Luego regresa Rosa y, antes de que ella baje al pueblo, nos despedimos. Son las 11:30h. Ayer anunciaron viento sur, pero noto cierto fresquito; hay nubes algodonosas. Recibo un mensaje de Maite, tras recibir el mío enganchado a su persiana: “Caminante no hay camino sino estelas en la mar!!! Desde la de Gibraltar hasta mi persiana para dejarme un abrazo de papel!!! Gracias y buen viaje”. Ahora que lo releo, ¿pudo ser este mensaje el que me dio la primera orientación de lo que luego terminaría en Collioure, ante la tumba de Antonio Machado? Hablo por teléfono con mi hermana Sagrario, le cuento y a las 11:45h, más tarde que ningún día anterior, y muchos de los siguientes, inicio esta 6ª etapa, que promete ser corta. Cuando voy a salir, llega desde Donostia, de donde ha iniciado hoy, Jose, de Valencia. Vamos juntos hacia Zarauz y tengo intención de contarle los últimos chascarrillos, el show del alemán, lo conocido y lo intuido, pero la cuesta arriba y otros temas que van surgiendo, la dejarán inconclusa; ¿habrá ocasión de concluirla? El azar… si es que existe…, (ya habrá ocasión de volver a este tema cuando me encuentre con Isidoro y Armonía). El camino va bien indicado y pronto avistamos Zarautz. Queremos bajar a la playa directamente, sin tener que dar la vuelta a la que nos obliga la carretera, y preguntamos a un hombre que está con cuatro niños. Nos dice por donde debemos ir, pero, prácticamente, no ganamos nada. Ellos son la avanzadilla de otro gran grupo de niños y profesores que vienen detrás; cuando nos alcanzan, sabremos que ocupan el Albergue juvenil de Getaria, donde Rosa ya me había dicho que no podía ir por estar ocupado por niños. Parece que ya están en su último día y que hoy se marchan, por lo que, uno de los maestros, nos dice que lo intentemos. Jose iba a venir conmigo a la playa nudista pero, como también tiene que lavar ropa, decide marcharse con ellos. Así que el encuentro con Jose ha sido efímero, como tantos otros del camino. Con todo, creo que ha cometido un error, ya que el grupo de chavales y profesores van en dirección contraria a la que llevamos nosotros. A las 13:15h me estoy dando el primer baño en el mar de todo el viaje, y en bolas ¡qué felicidad y qué sensación de libertad! Hay poca gente y media docena de nudistas. Tomo el sol hasta las 14:30h. Me he puesto protección solar en hombros, pecho, cuello y espalda (hasta donde llego). Hace aire y el sol se esconde entre las nubes, así que decido marcharme, a pesar de que la previsión era hacer día de descanso.
Antes de seguir adelante, para mis amigos nudistas, diré alguna de las características de esta playa, que transcurre a lo largo de toda la parte de costa del pueblo, pero en su parte más oriental es la menos urbana; esa condición es la que ha hecho que se haya ubicado allí (esa posibilidad en Donostia es inviable). Toda la playa de Zarautz es muy abierta al mar, lo que la hace peligrosa. Está vigilada, pero esta zona es la que recibe menos supervisión. Se recomienda seguir lo que dicen las banderas: verde (baño libre), amarilla (con precaución) y roja (prohibido), igual que en todas partes. Antaño era la zona más sucia, pues allí desembocaba un regato insalubre, pero, en la actualidad, parece que el agua llega depurada. Queda detrás del golf y tiene una zona de protección de dunas, con un acceso por camino elevado entre el golf y la duna, que permite acceder por escaleras a la playa. Camino discreto, que nada tiene que ver con el transitado paseo marítimo de la zona más urbana.
A las 14:35h salgo de la playa por el paseo de arriba, quedando entre él y la playa una franja para la protección de la duna. En Arguiñano, el paso está cerrado, pareciera que están rodando algo, y sigo por las esculturas de Dora Salazar, artista de mi pueblo, Altsasu, con la que hace mucho tiempo que no me encuentro. Me toparé con dos andarinas, y les cuento mi proyecto. Al inicio del paseo hacia Getaria, encuentro a otra mujer, que se muestra algo reacia a hablar; cuando ya nos estamos animando, se acaba la acera y tenemos que suspender la conversación, ya que resulta muy incómodo hablar yendo por el arcén, uno delante y otra detrás. Me paro en un acceso por escalera a las rocas, que me protegen del aire, que ha pasado a ser algo frío, y como queso con membrillo y frutos secos. En la playa de Zarautz había comido una manzana Golden bastante mala, que me habían dado mis compañeros de Gureak. Cuando llego a la playa principal de Getaria, la más oriental, no hay más de diez personas. ¡Realmente no hace un buen día de playa! En el monumento a Elkano, pregunto por el albergue a una chica y me orienta muy bien.
Lo malo es que, ya por interior, al llegar, el albergue de Askizu, está cerrado, y en la puerta pone “completo”. Llega una chica con una moto que mete un ruido similar a un cacharro destartalado y me dice que va a preguntar a su madre. Después de pensar un poco, creo que, si los chavales de esta mañana estaban aquí, en vez de completo, estará vacío y todavía sin limpiar. Además veo que el barrio es muy tranquilo y que, si quisiera pasar la noche allí, tendría muchos lugares adecuados para hacerlo, sin tener que pagar. Cuando vuelve la de la moto, me dice que me pueden abrir y que me costaría 14€ y pico. Me parece caro, y como es temprano y la distancia a Zumaia ya no es mucha, tomo la decisión de ir hacia allí, acercarme a la talasoterapia, y hacer el plan horario para mi tratamiento y comida de mañana. Tomada la decisión, ni me molesto en preguntar por la oferta de agroturismo, que también hay por la zona, pero que suele ser mucho más cara. En la plaza, hablo con una pareja que está con sus niños. A él le doy envidia con mi plan, me dirá que Zumaia está cerca y sigo el camino indicado; pero me pierdo en un prado. Asciendo a la parte más alta del mismo y, desde la altura, intuyo un lugar por donde salir de él. Efectivamente, allí hay un paso que me permite cruzar la alambrada y, cuando bajo por el nuevo camino, me encuentro con otro “contrato de relevo” y que está a punto de cumplir los 65, pero que le quedan algunas pocas jornadas por trabajar. ¡Sería terrible morir antes, habiendo trabajado todas las horas hasta los 65 años! Es curioso, no se me había ocurrido hacer esa reflexión. El encuentro es muy productivo para mis intereses; también el lugar ayuda, puesto que vemos toda la panorámica de Zumaia y, así, me explica dónde están la playa de Itzurun y la talasoterapia Zelai; por dónde deberé coger mañana para ir a Deba, que es por donde suele subir la marcha a Itziar, y me recomienda para dormir al aire libre la ermita Arritokietako Andra Maria; me dice que suele ser sitio muy tranquilo, que está junto al cementerio y, pienso, que los muertos no me molestarán por la noche; salvo que sea noche de ánimas y clamen por salir del purgatorio.

Para que él pudiera darme tan buena información, he tenido que darle todas las claves de lo que quería. Eso me reafirma en que ir sin tapujos por la vida es muy conveniente. Al menos, a mí, me va bien. Según voy bajando, dudo si darme un baño en la playa más oriental, pero me parece más interesante ir primero a Zelai y organizar el plan de mañana. Además, esa playa está próxima a la desembocadura del Urola, y me apetece menos que la otra que está muy cerca del famoso flysch, un acantilado de estratos inclinados precioso. No sé si entonces ya estaba considerado como de especial protección.
Por el puerto, y preguntando, llego a la talasoterapia, que está encima del flysch. Pido orientación a la chica que me atiende, le explico el mal que arrastro desde hace días en mi rodilla, y me recomienda hacer el circuito, y una sesión de vapor seco, adecuado para quitar dolores musculares. El circuito lo puedo hacer a las 9:00 y el vapor a las 10:30h. Si hago esto, me desaconseja la sesión de barro que, en otro caso, pudiera haber sido otra opción. Hay que tener en cuenta que el regalo de mis compañeros de trabajo consistía en: circuito, un tratamiento y comida, y me ajusto a él pues me parece suficiente. Mañana me enteraré que el vapor se llama Photonterapia; es como estar dentro de un sarcófago, pero con la cabeza fuera. Antes, o después del circuito, tendré una entrevista con el médico, quién confirmará el tratamiento recomendado. Una vez organizado el plan de mañana, me sellan la credencial y bajo a la playa de Itzurun, voy a la zona menos concurrida, y me doy un baño desnudo.
Al otro extremo hay un pescador que, de lejos, me observa y al día siguiente, casualmente, comentará el hecho con mi yerno, Mikel; se ve que quedó sorprendido de la naturalidad con que lo hice. Mikel le dijo: “seguro que era mi suegro”. ¡Y acertó! A esta hora, todavía da bien el sol, pero hay nubes que lo cubren y no acaban de desaparecer. Cuando lo hacen, el sol está ya muy bajo y sin fuerza, así que me voy. Hablo por teléfono con mi hija Sara; le digo que todo va bien y mi plan de mañana. Subo hacia la ermita. Elijo el lugar y, cuando voy a meterme en el saco, a las 21:45h, encienden las luces del porche que, de suaves, van volviéndose potentes y con un foco exterior más potente todavía, pensado para que el monumento se vea desde todos los lugares de Zumaia, me dejará atónito y  enfadado. ¡Yo que me imaginaba una noche tranquila!, en un lugar incontaminado, en penumbra y sin ruidos, ¡Cuánta contaminación lumínica! Por primera vez, si quiero dormir, tendré que meter la cabeza dentro del saco. Ceno queso y membrillo, y los termino; y, para colmo de males, empezará a levantarse un viento bastante desagradable. Oigo golpes por entrechocar de puertas metálicas y acabo por levantarme para cerrar la puerta del cementerio. Es por el ruido, no por temor a que a alguno le dé por salir a la noche a hacerme compañía.
Lo mejor del día, es que ya estoy en Zumaia y he confirmado mi circuito y decidido el tratamiento para mañana en la talasoterapia Zelai. Un buen encuentro con otro prejubilado veterano que me da buena información y noche junto a cementerio, que si bien no hubo ánimas, sí se despertaron en forma de luz, ruido y viento, y no me dejaron dormir adecuadamente.